mircoles 09 de junio de 2021

Estudiantes y trabajadores de la universidad logramos que se reconozca a la UBA como mejor universidad de iberoamérica a pesar de las autoridades

Este nuevo reconocimiento a la Universidad de Buenos Aires es para los 300.000 estudiantes, los 12.000 no docentes, los 26.000 docentes que cobran salarios –muchos por debajo de la línea de pobreza–, los 11.000 docentes ad honorem que no perciben un salario siquiera, los más de 2.000 becarios de investigación. Los miles y miles que […]

Este nuevo reconocimiento a la Universidad de Buenos Aires es para los 300.000 estudiantes, los 12.000 no docentes, los 26.000 docentes que cobran salarios –muchos por debajo de la línea de pobreza–, los 11.000 docentes ad honorem que no perciben un salario siquiera, los más de 2.000 becarios de investigación. Los miles y miles que investigan en proyectos, institutos y laboratorios, y los cientos de miles de graduados que lo hacen posible
Lo hacen en las peores condiciones, con conectividad y equipamiento que pagan de sus propios bolsillos, lo que niega la supuesta gratuidad de la universidad pública
Los que tienen la suerte de cobrar becas, subsidios y salarios perciben montos por debajo de la línea de pobreza.
En las unidades académicas son prácticamente inexistentes presupuestos para el funcionamiento, y ni siquiera para pagar la infraestructura o simples suscripciones a publicaciones científicas.
Las autoridades de la UBA niegan a la docencia la aplicación del Convenio Colectivo de Trabajo que rige en las 60 universidades nacionales.
En especial la estabilidad laboral, lo que obstaculiza la formación de equipos de trabajo para producir conocimiento al servicio de las mayorías populares.
El gobierno universitario se concentra en un reducido claustro profesoral –sólo el 8% de los docentes monopolizan el 50% de los votos–, lejos de las mejores tradiciones de la reforma del 18, lo que desmiente un supuesto cogobierno.
Es a pesar, y en contra, de esas condiciones que los que trabajan en la UBA alcanzan, otro año más, ese reconocimiento. Pero alejada de la sociedad que la sostiene y cada día más implicada en «convenios» con las empresas extractivistas y el agronegocio, y más alejadas de combatir la pobreza que alcanza al 50% de la población
Como docentes críticos estamos orgullosos de la universidad pública. Lamentablemente los sectores populares que la sostienen no pueden acceder a ella. Creemos que deben darse pasos concretos para ponerla al servicio de quienes la sostienen variando 180° el rumbo de mercantilización de la educación.